Sobre el arte de escribir
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DEL TRABAJO DIARIO
Y DE LA INSPIRACIÓN
(...)
Una alimentación
muy sustanciosa, pero regular, es la única cosa necesaria para los escritores
fecundos. Decididamente, la inspiración es hermana del trabajo cotidiano.
Estos dos contrarios no se excluyen en absoluto, como todos los contrarios
que constituyen la naturaleza. La inspiración obedece, como el hombre, como
la digestión, como el sueño. (...) Si se consiente en vivir en una
contemplación tenaz de la obra futura, el trabajo diario servirá a la
inspiración, como una escritura legible sirve para aclarar el pensamiento, y
como el pensamiento calmo y poderoso sirve para escribir legiblemente, pues ya
pasó el tiempo de la mala letra.
VII
DE LA POESÍA
En cuanto a los que
se entregan o se han entregado con éxito a la poesía, yo les aconsejo que no
la abandonen jamás. La poesía es una de las artes que más reportan; pero es
una especie de colocación cuyos intereses sólo se cobran tarde; en
compensación, muy crecidos.
Desafío a los
envidiosos a que me citen buenos versos que hayan arruinado a un editor.
(...)
¿Por lo demás, qué
tiene de sorprendente, puesto que todo hombre sano puede pasarse dos días sin
comer, pero nunca sin poesía?
El arte que
satisface la necesidad más imperiosa será siempre el más honrado.
VIII
DE LOS ACREEDORES
(...) Que el
desorden haya acompañado a veces al genio, lo único que prueba es que el
genio es terriblemente fuerte; por desgracia, para muchos jóvenes, ese título
expresaba no un accidente, sino una necesidad.
Yo dudo mucho que
Goethe haya tenido acreedores (...). No tengan acreedores jamás; a lo sumo,
hagan como si los tuvieran, que es todo lo que puedo permitirles.
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