RETRATOS (fragmento) Humberto Reyes Cayotopa
“Son pocos los recuerdos que liberan al fantasma de su agazapada melancolía”.
Recuerdo
haberte dicho que el fervor, el celo ardiente, pudo ser el inicio de
una fiable amistad. Más allá de todo concepto gnómico, lo moral es un
duendecillo oculto bajo la falda de la reina. Tú como poetiza, sujeta a
todo empirismo no te constituías como un icono moralista, simplemente
eres la persona indicada para adornar a la palabra con un fondo musical.
Siempre fuiste así, muy distinta a todas la mujeres, arrebatada sin pero que valga, en
cuestión de aventurarse y dejar de lado a los que dirán del amigo de
mis amigas o sin tomarse a pecho la opinión de la gente burócrata.
Realmente eres única e indivisible con ese olor a almendras alocabas a
todos hombres de la prepa. Claro, yo sólo era tu primo y nada más. Un
provinciano más que se pinta solo en la capital. Tú me decías, cuando
llegues a Lima dejaras en tu maleta lo pobre de ti. Francamente no te
entendí ni “Jota”. Hasta que llegue y me tomaste de la mano y nos fuimos a vagar por
toda la Costa Verde. Por supuesto, ahí fue cuando me presentaste a la
gringuita esta, amiga tuya, llamada Alessandra Sventitski. Una alemana
que con dificultad hablaba el español. Pero cuando por primavera vez, me
fume un porrito, claramente lo entendí todo. Sabía que, en ese momento
de éxtasis nuestros lenguajes formarían un solo dialecto. Un conjunto de
palabras que prácticamente podría palparlo y desdibujarlo a mi manera.





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